LO QUE PASA EN LA PUERTA
Los saguis, y las manchas que se movían
Hace unos años empezó a pasar una pareja por los cables de alta tensión del frente. La hembra tenía dos manchas en el lomo y pensamos que era sarna, que estaba enferma. Estuvimos por llamar al INEA. Las manchas seguían ahí semana tras semana, y crecían. Un día las miramos con el zoom de la cámara: se movían. Eran las crías, agarradas a la espalda. Una huésped después consiguió fotografiar lo mejor de todo — cómo las crías pasan del lomo de uno al lomo del otro sin tocar el suelo, porque el padre carga tanto como la madre.
Pero no son de acá. Cuentan en la isla que los trajeron cuando la fiebre amarilla mató a los monos aulladores y se creyó que no quedaba ninguno — y que en vez de traer bugios, que abundan en esta parte de Brasil, trajeron saguis de otras regiones. La epidemia es real: entre 2016 y 2018 la fiebre amarilla mató a miles de monos en la Mata Atlántica y llegó a Ilha Grande. Los bugios sobrevivieron: los investigadores volvieron a encontrar grupos vivos. Los saguis también se quedaron, y hoy hay dos especies exóticas en la isla.
Y ahí está el problema, porque el bugio come hojas y el sagui come de todo — huevos y pichones incluidos. Donde los estudiaron con cámaras en los nidos, los saguis se comieron hasta el 80 o 90 % de las nidadas, y donde ellos están el bosque canta menos. Los de acá son mansos y hermosos, y no tienen la culpa de nada. Por eso no hay que darles de comer: es lo único que podemos hacer para que no sean más de los que el bosque aguanta.